Su mirada
Envuelto en la oscuridad de la noche, el temor apresaba mi voluntad; tras cada paso que daba mi destino me aguardaba en ese lugar. Aquellas palabras que en juramento alcé, serían mi peor tormento y un gran castigo a mi ser. Como un cazador que asecha a su presa me escondí entre la penumbra y la multitud, esperando con certeza, que nadie supiera quién era este hombre-pez. Con vergüenza y gran pesar, con el miedo aferrándose a mi voluntad, con mi corazón que se convertía en fragmentos en mi ser, de lejos, le vi a él. Mas no pasé desapercibido, algo en mí hablaba a gritos; la multitud hostigaba mi presencia y sus palabras me acusaban sin clemencia. En tres ocasiones le negué, como si se tratara de un vil y cruel ser; mientras más le negaba el peso de su alma me sofocaba. El ave que despierta al sol cantó, y con él mi dignidad preció. Recordé esas palabras que salieron de mí, y todo mi mundo en un instante perdí. Pero al levantar mi rostro, su mirada me tocó, pues su amor era inmenso y sin...