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Musa nocturna

Musa nocturna, tú que me llenas de suspiros, que me llevas al recuerdo y a esos sueños que mi piel añora. Hoy a ti te escribo. Pues por ti siento todo este caos de sentimientos, esta euforia de pensamientos, y este amor que persiste en ser eterno. Hoy a ti te escribo. A ti que vives en la memoria de mi piel, que te sumerges en mis sueños más platónicos; y que llegas incluso, hasta ese lugar donde nace cada verso en mi interior. Hoy, a ti te escribo. Porque cada palabra, y cada sentimiento encerrado en ellas, solo a ti te pertenecen y a ti te pertenecerán, a ti, y solo a ti. Sí, hoy a ti te escribo. Pues te siento más que a mi propio ser, aun más que el aire que respiro; y ahí, justo ahí, después de cada latido. Hoy, hoy a ti te escribo; pues es por ti, que yo vivo.

Un adiós

Luego de un adiós lo único que queda es el silencio de la noche, la inquietud de una mente agonizante, y mucho ruido en el alma. Ruido que carcome las entrañas y hace estremecer hasta el futuro distante. Luego de un adiós lo único que queda es la gélida presencia de una ausencia, el cumplimento de un presentimiento, y esas palabras que se pronunciaron chocando súbitamente ante la realidad. Realidad que es tan certera como cruel, y hace colapsar los sueños y la esperanza de un ser. Luego de un adiós, lo único que queda es esa sensación de vacío, el legado de un sufrimiento, y esas conversaciones con la oscuridad antes del amanecer. Conversaciones disfrazadas de recuerdos, de momentos e instantes que nunca dejaran de ser. Porque luego de un adiós, solo queda la Nada, y ese Todo que alguna vez fue y nunca volverá.

Labios sabor a café

Y fue entonces donde las letras tomaron propiedad viviente. Y cada una de esas instancias lejanas se acercaron a la realidad latente. Donde lo irreal tomó la estructura de un ser iridiscente, y la luna se volvió en mi amante y fiel oyente. Pues fue en esos labios sabor a café, donde todo aquello que soñé, lo obtuve y lo encontré por primera vez. Y es ahí donde cada fantasía de un sutil romance, donde cada verso sublime lleno de resplandor, donde cada ocaso y despertar tuvo razón y una visión, un aroma y un sabor. Pues en esos labios sabor a café, es donde todo tuvo un nombre per se; y ese nombre, ahora tiene para si, mi vida, mis labios, mis letras y este raro y enamorado corazón, que lo único que desean, es embriagarse, de ese fino y sublime sabor.

Otoños endebles

Otoños endebles que visitan nuestras vidas y que nos retornan a esas vidas pasadas con sentimientos inmortales, que insolentes y ruidosas nos llevan por el camino de hojas crujientes y tardes sin sol. Vientos y brumas otoñales que tocan la piel de la memoria, sensibilizando cada suspiro y entorpeciendo cada pensamiento, haciendo imposible la visibilidad, de eso que se encuentra frente a nosotros. Otoños endebles que se acercan con sigilo, que nos hacen presa de lo innombrable y lo sumamente atesorado por el corazón, pero ignorado por la razón; y que a su vez, solo es eso que inconsciente, nos permite aun estar vivos. Lluvias otoñales que anuncia su llegada desde la distancia, como aquel asesino que vestido de sadismo, pega de tiros al aire, para introducir firmemente el miedo y así, entorpecer el camino de aquel que huye de su destino cruel. Otoños endebles que solo son el mensajero de un rey frío y despiadado, que viaja desde el norte, solo para recordarnos que la primavera ll...

Escondidos

Escondidos en cada suspiro, se encuentran galaxias y mundos enteros, que esperando por un beso, mueren lentamente de amor.

Una de mil vidas

Aquí mientras comparto existencia con mi otro yo, ese que habita en el espejo; recuerdo una de mil vidas, y suspiro… suspiro por ti, suspiro por nosotros, suspiro por mi.

Fragmentos de vida

Fragmentos de vida, que guardados en el alma, hacen ruido en la mente y provocan suspiros desde el corazón. Suspiros que en silencio, gritan tu nombre en cada rincón de esta oscura y fría ciudad; ciudad que lleva el nombre «Olvido».