"ELLA"

Un joven se encuentra sentado en un parque. El clima es incierto y solitario; hace algo de frío y el viento sopla suave mente. Él lee un libro y escucha música como si nada importara a su alrededor. Hace una pausa en su viaje literario, levanta su mirada y allí, frente a él, esté ella: «la mujer más hermosa que han visto sus ojos.» Una amiga, su mejor amiga, la cual es dueña de sus suspiros, de sus pensamientos y hasta de sus sueños más surreales. Él, al verla, no simplemente la ve, él la observa, la estudia y se rinde delante de su hermosura. Observa detenidamente su rostro, ve sus ojos y sus labios, y se pierde en su dulce mirada.

En ese instante, su lucha comienza; una batalla sin cuartel da inicio entre lo que quiere decir y lo que dice en realidad. No puede evitar que esos sentimientos invadan su ser por completo. Ellos tienen la fuerza de detener el latir de su débil corazón, hacen colapsar su respiración e inmutan sus movimientos. Haciendo visible lo que es un secreto. Haciendo imposible de fingir lo que pasa por su mente. Su piel lo traiciona y transforma su tonalidad en un débil pero visible rojo suave, el cual explota en carmesí en la cumbre de sus orejas, y su voz, ésta se hace confusa, pues tropieza con sus sentimientos más profundos por ella. 

Sólo al saber que ella esta cerca, el tiempo se detiene y colapsa por completo, dejando una ráfaga de instantes chocando uno contra el otro frente a él; y todo esto pasa en su pobre y perturbada mente enamorada. El viento cambia y logra impregnarse en su piel, haciendo que un escalofrío recorra su cuerpo desde su interior hasta llegar a exteriorizase por completo. 
Es como si existieran dos realidades de si mismas. Una, gritando sin miedo alguno lo que siente por ella y la otra que sale corriendo en sentido contrario para ocultarse, por lo torpe que se vuelve al estar frente a su todo; pero ninguna de las dos responde a lo que él quiere hacer en ese instante.

Y es que sólo tiene que escuchar su dulce voz para viajar tan rápido y tan cerca de ella, que las palabras toman forma y textura ante él, pues puede ver como sus manos se vuelven pinceles que dibujan en el mismo viento, dejando colores que inundan su entorno por completo. Incluso, sólo tiene que sonreír para que cada persona a su alrededor desaparece. Él cierra sus ojos para parpadear y en ese leve instante de vida puede verla en un escenario donde él es el único espectador en todo el lugar, deleitándose de cada sonido que sale de su boca y se vuelve una melodía que susurra sinfonías a su oído.

Al verla frente a él, al ver sus ojos y ver sus labios, observar su rostro y su dulce mirada, en ese instante, en ese efímero y volátil instante, ese pedazo de vida se vuelve su todo, pero a su vez se convierte en nada comparado con lo que desea poder estar con ella. 

Para todo esto, ella se acerca y le sonríe, lo saluda y se sienta a su lado, ella no dice nada después de su saludo. Su mirada, solo se enfoca en una dirección y no es a él. Él voltea y lo ve, luego se voltea para ver las letras del libro que el joven lleva en sus manos, las cuales perdieron significado alguno para él, ya que lo único que sale de su boca es una simple pregunta temerosa, un: 

— «¿¡Cómo, cómo estas!?» — 

A lo que  ella responde un dulce: 

— «¡Todo muy bien! pues no podría estar mejor» — 

Luego de esto, el silencio se apodera de ese momento, ya que él queda mundo ante no saber ni qué más decir. Ella lo ve, pasa su brazo bajo el de él, acercándose y acurrucándose, exclamando un tierno: 

— «Uff ¡hace frío!» — 

Entonces en ese presiona intente ella hace una mueca que pa él es kriptonita, pues entre cierra sus ojos y arruga su nariz, dejándolo en un estado casi catatónico, por lo cual él sólo balbucea un leve e ínfimo:

— «¡¿He?!… ¡Tsttt-í?” — 

El cual, no logra ser pero ni fonéticamente correcto en nuestro idioma.
Ella sonrisa, y renuevo entrecierra sus ojos y arruga su nariz, se acerca rápidamente a su rostro y le da un beso en su mejilla fría, se despide con una sonrisa y esa mirada única, se aleja unos cuantos metros voltea lo ve nuevamente y su sonrisa crece de tal forma que hace irradiar su rostro; y él… bueno, hace un torpe e inútil movimiento con sus dedos simulando una despedida. Ella hace un leve movimiento con sus hombros, sonríe y se voltea para seguir su camino. Al verla partir él se desparrama en su asiento, el libro cae al suelo junto con su ego y voluntad, y con ellos sentimientos por ella; lleva sus manos al rostro tratando de que ellas lo absorban por completo, así poder desaparecer en ese instante. Pero eso, ni ese ni ningún día arteria a éste, funciona, quedándose allí, más herido que bizarro, viéndola cruzar la esquina. 

Pero de repente, una voz dentro de él le dice: 

— «¡Corre!… ¡CORRE! ¡CORRE POR ELLA! Hazlo de inmediato pues aún no está muy lejos.» — 

A lo que él, como si un ser tomara control de su cuerpo, se coloca de pie y corre en dirección a ella. Cruza la calle sin ver a los lados, tropieza con cada persona que se encuentra en su camino, llega a la esquina, donde ella desapareció de su vista, pero es demasiado tarde, por alguna razón ella ya no está.

Camina de regreso a la banca donde se encontraba, sí, allí donde dejo su libro por los suelos, donde también quería dejar su existencia. Se sienta, toma el libro, se coloca sus audífonos y sigue leyendo, mientras una lágrima de frustración cae por su rostro hasta tocar el suelo. Suspira, cierra sus ojos y se quita todo rastro de dolor y vergüenza líquida de su rostro, y al abrirlos, ahí estaba frente a él, como si de un milagro se tratara. Ella lo ve y le pregunta: 

— «¿Tienes algo que decirme?» —

Y una dulce sonrisa adorna sus palabras.

Él se pone de pie, respira todo el aire que puede, la ve a sus ojos y sonríe:


— «¡Sí! Tengo mucho por decir.» —
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