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Dulces y súbitos

Dulces y súbitos recuerdos que alimentan mi corazón, que arrebatan mi sueño y me hacen creer en el amor; pero que presurosos, en medio del silencio hacen que mi ideal y mis sentimientos surquen el camino de la perdición, y que viajen de la mano del dolor y la desdicha.
Y así como llegaron se fugan de mi, acompañados de lagrimas silenciosas y palabras que nunca verán la luz del sol; dejando este vacío lleno de dolor y esta realidad que suele ser tan fría y llena de dulces y súbitos recuerdos que alimentan y aniquilan mi corazón.

Tan nuestro

Hoy quiero tomar tu mano, y juntos viajar a ese mundo, ese que es tan nuestro.
Ese donde el sol sale cuando nos besamos y la luna emerge cuando nos acariciamos. Ese mundo donde la marea depende de nuestra cercanía y el clima de las veces en que te digo al oído que te amo. Ese mundo donde la furia del viento la determinamos en un suspiro y la primavera, solo es el renacer de nuestros cuerpos fundidos.
Viajemos, regresemos a ese lugar, y vivamos en ese mundo hasta que el tiempo sea solo un pretexto para recordar y sentir de nuevo cada instante vivido, y cada beso dado.
Ven, toma mi mano y dejemos todo atrás seamos felices, juntos, siendo nuestros, allí, en ese perfecto y eterno mundo que es tan nuestro.

Un té con la Luna

Ven, toma mi mano; caminemos juntos esta noche pues la luna nos espera para tomar el té y escribir poesía entre las estrellas.

Mi señora

Es inevitable el no cerrar los ojos y verla ahí, frente a mi, sonriendo y siendo simplemente usted.
Así de incorruptible y eterna es en mi mente, que sigue ahí intacta, fresca y presente. Así de sublime es el sentimiento que vive en mi, que ha plantado usted en mi corazón y del cual no puedo ni me quiero apartar.
Pues ha pesar del correr de los días, aún me siento de su propiedad; de usted que es ajena al tiempo, que sin notarlo me ha vuelto su amante y su poeta eterno.
Usted que es viento, que se hace presente en cada sueño, que es la furia en este océano de sentimientos; que es la dueña de cada suspiro y respiro que hace vivir a este cuerpo.
Usted mi dama, mi señora, mi mujer de hierro con alma de encaje y piel de seda, usted es la responsable de esta magna y fuerte esencia de amor, que a pesar de la tempestad sigue siendo lo que es.
Porque aquí me tiene, sintiendo con cada fibra de mi ser y creyendo fervientemente que soy y seré solo de usted.

Te digo MI AMOR

Te digo MI AMOR, no porque crea que eres de mi propiedad. Te digo así, porque siento lo mismo que con MI FAMILIA, MI HOGAR y MI HABITACIÓN; siento que es donde pertenezco, es donde tengo que estar, es donde soy quien realmente soy. Y MI AMOR, yo le pertenezco a tú corazón, en tus brazos es donde tengo que estar, y contigo, contigo soy realmente quien debo ser. Es por eso, es por eso que te digo y te llamo MI AMOR.

Hermosamente inefable

Cuando quieres describir un suspiro que provoca una mirada, muchas veces nos limitamos por no encontrar palabras exactas a lo que eso significa y se siente; cuando queremos describir un sentimiento puro ni todas la palabras creadas nos pueden auxiliar por completo. Cuando queremos definir lo hermoso y bello, las escasas palabras que conocemos, no logran hacer justicia a lo que en realidad percibimos.
Es por eso que te quiero pedir perdón, pues escribir sobre ti es prácticamente imposible, un reto que no podría cumplir ni en mil años estando a tu lado; pues tú, mujer de luna, tu eres más de lo que podría escribir en un libro, eres más de lo que podría describir en versos, y mucho más de lo que las palabras podrían explicar.
Si, lo sé, y perdón por no poder hacerlo, pues escribir sobre ti es tratar de descifrar la existencia, el tiempo y el misterio; la belleza y tentación; lo desconocido, el cielo y cada una de las estrellas del firmamento. Lo siento, pero no puedo encerrarte en un poema…

Amor en verbo

Pregúntame si he llorado por ti, y en silencio te diré que si.
Pregúntame si te extraño, y con una sola mirada te diré que así es.
Pregúntame si sueño contigo, y mi piel, que se eriza al escuchar tu voz, te dirá la respuesta que ya es más que obvia.
Pregúntame si te necesito, y me acercaré a ti con tanto ímpetu que te tomaré entre mis brazos; y ahí, sin pronunciar palabra alguna, dejaré que mi abrazo sea el fiel mensajero a esa clara y pronta respuesta.
Pregúntame si te amo, y tomaré tu rostro con ambas manos, y con un sólo beso te diré que siempre te amaré.
Pregúntame; prometo que en silencio responderé, pues lo que tengo que decirte no necesita de palabras, sólo de este amor en verbo que siento cada día por ti.