Un acto divino

Entonces te veo, y frente a mi se forma una iridiscencia inevitable, un acto divino que hace estremecer mis pupilas, colapsar mi respiración y detener los latidos de mi enamorado corazón.
Porque solo tengo que verte un instante, para darme cuenta que necesitaré una eternidad para poder expresarte toda esta infinidad de experiencias sublimes, que solo tú me haces sentir.
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