Otoños endebles

Otoños endebles que visitan nuestras vidas y que nos retornan a esas vidas pasadas con sentimientos inmortales, que insolentes y ruidosas nos llevan por el camino de hojas crujientes y tardes sin sol.

Vientos y brumas otoñales que tocan la piel de la memoria, sensibilizando cada suspiro y entorpeciendo cada pensamiento, haciendo imposible la visibilidad, de eso que se encuentra frente a nosotros.

Otoños endebles que se acercan con sigilo, que nos hacen presa de lo innombrable y lo sumamente atesorado por el corazón, pero ignorado por la razón; y que a su vez, solo es eso que inconsciente, nos permite aun estar vivos.

Lluvias otoñales que anuncia su llegada desde la distancia, como aquel asesino que vestido de sadismo, pega de tiros al aire, para introducir firmemente el miedo y así, entorpecer el camino de aquel que huye de su destino cruel.

Otoños endebles que solo son el mensajero de un rey frío y despiadado, que viaja desde el norte, solo para recordarnos que la primavera llegó hace mucho a su fin y que el invierno nos acecha a la vuelta de la esquina, y que este, será nuestra única compañía por el resto de nuestras vidas.

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