Su mirada

Envuelto en la oscuridad de la noche,
el temor apresaba mi voluntad;
tras cada paso que daba
mi destino me aguardaba en ese lugar.
Aquellas palabras
que en juramento alcé,
serían mi peor tormento
y un gran castigo a mi ser.

Como un cazador que asecha a su presa
me escondí entre la penumbra y la multitud,
esperando con certeza,
que nadie supiera quién era este hombre-pez.
Con vergüenza y gran pesar,
con el miedo aferrándose a mi voluntad,
con mi corazón que se convertía en fragmentos en mi ser,
de lejos, le vi a él.

Mas no pasé desapercibido,
algo en mí hablaba a gritos;
la multitud hostigaba mi presencia
y sus palabras me acusaban sin clemencia.
En tres ocasiones le negué,
como si se tratara de un vil y cruel ser;
mientras más le negaba
el peso de su alma me sofocaba.

El ave que despierta al sol cantó,
y con él mi dignidad preció.
Recordé esas palabras que salieron de mí,
y todo mi mundo en un instante perdí.
Pero al levantar mi rostro,
su mirada me tocó,
pues su amor era inmenso
y sin ninguna gota de rencor.

Hubiese preferido que me gritase traidor,
pero esa mirada de amor me consumió;
pues dentro de mi todo se destruía,
pues un mal amigo era todo lo que yo me sentía.
Huir era lo único que podía hacer,
mientras mis lagrimas cortaban toda mi piel.
Pero su mirada fue todo lo que en mí quedó
y ahora, lo único que necesito es escuchar su perdón.
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